El comandante de la OTAN en Afganistán se disculpó el miércoles por la muerte accidental de nueve niños afganos que recogían leña para sus familias en la provincia de Kunar, fronteriza con Pakistán.
Los infantes fueron masacrados por un “error de comunicación” entre los atacantes.
Cuando el Agente federal del Servicio de Inmigración y Aduanas estadounidense (ICE), Jaime Zapata, fue asesinado en México el 15 de febrero, se revolvió el imperio en su implacable furia y su voz altanera cruzó desafiante su frontera Sur.
Sin embargo, ante el injustificado asesinato de los infantes afganos, prima el silencio y basta con una disculpa de los ocupantes de la nación centroasiática para zanjar el imperdonable incidente.
El general estadounidense, David Petraeus, al mando de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), declaró: “Estamos profundamente apenados por esta tragedia y pedimos perdón a los miembros del gobierno afgano, al pueblo de Afganistán y más importante, a los miembros de las familias de los que murieron por nuestras acciones”.
Por su parte, al referirse a la matanza, el presidente Hamid Karzai preguntó el miércoles: -“¿Es éste el modo de combatir el terrorismo y mantener la estabilidad en Afganistán?”.
Resulta inevitable la pregunta: ¿Qué sanción espera a los responsables de esta tragedia?
¡No lo sabemos!
¿Se conformaría el gobierno norteamericano, el pueblo de Estados Unidos y los miembros de los familiares de Jaime Zapata con una disculpa del gobierno de México?
En el atentado, perpetrado cuando los agentes viajaban de la Ciudad de México a Monterrey, resultó herido el funcionario norteamericano Víctor Ávila.
En respuesta a la agresión, la Dirección Estadounidense Antidrogas (DEA), con la colaboración de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), del FBI y de otras agencias, realizó una redada en 150 localidades estadounidenses.
El gigantesco operativo se desarrolló nueve días luego del ataque a los agentes y apenas pocas horas después del sepelio de Zapata.
Según la DEA, la redada tuvo el propósito de interrumpir operaciones de distribución de drogas en territorio de Estados Unidos y enviar un mensaje a los cárteles de que “no tolerarán el asesinato de un agente estadounidense” o de cualquier funcionario de Estados Unidos.
Durante la acción fueron detenidas 676 personas vinculadas al tráfico internacional de drogas. Además, se incautaron 12 millones de dólares, cientos de kilos de diferentes drogas, 282 armas y 94 vehículos.
¿Estuvo la gigantesca operación impregnada de un espíritu revanchista hacia México?
Si los delincuentes estaban previamente localizados: ¿Por qué no fueron arrestados en su momento?
Pero más provocador y peligroso resultaron las declaraciones de altos cargos del gobierno de Barack Obama, entre ellas, las de Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien aventuró una posible unión entre el narcotráfico mexicano y la organización terrorista Al Qaeda.
Por su parte, el subsecretario de la Defensa de Estados Unidos, Joseph W. Westphal, atribuyó una forma de insurgencia en México con los cárteles, “que está justo sobre nuestra frontera”. Y aunque más tarde fue obligado a desmentirse, la cruda advertencia ya había sido lanzada.
La masacre de niños afganos

Pero en Afganistán no fue el “crimen organizado” el que perpetró los asesinatos de los niños, sino las fuerzas militares del civilizado Occidente, gendarmes inveterados del orden, la paz y la justicia en el planeta.
Según el Washington Post, la OTAN reconoció que la matanza se produjo cuando los ataques de los helicópteros y la artillería se dirigieron “contra el blanco equivocado”.
No es la primera vez ni será la última que el fuego aliado asesine impunemente a la población afgana o iraquí.
Las bajas civiles provocadas por los ataques indiscriminados de la Alianza, encabezada por Estados Unidos, se ha convertido en una constante fuente de fricción entre el gobierno afgano y las fuerzas internacionales.
¿Cómo confiar entonces en aquellos que utilizan falsas banderas para intervenir en el mundo so pretexto de evitar que se derrame sangre inocente?
Ahora, poderosos miembros de la OTAN se preparan para acciones militares contra Libia, que conducirán irremediablemente a azuzar una guerra civil y a la fragmentación del Estado norafricano.